Informe Especial

 

LA GEOPOLÍTICA DE LA ENERGÍA

 

 Un nuevo “Yalta” global

 

Una visión del conflicto en los Balcanes enmarcada en la competencia estratégica de las grandes potencias por el control de la energía. Fue la llave que puso en manifiesto en forma brutal los fundamentos ideológicos y diplomáticos de una política de competencia que dejó de ser "fría" para convertirse en una multiplicidad de conflictos "calientes" y que oculta las rivalidades de los conglomerados mas grandes del mundo.

 

 

 

 

Actual Premier alemán Ángela Merkel y el Presidente George Bush

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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 La región petrolera del Mar Caspio, que compite en la balanza con las riquezas de Arabia Saudita, era desde comienzos de los años ochenta, los recursos más codiciados por los conglomerados petroleros occidentales. Se espera que rinda 3.2 mil millones barriles de aceite crudo por día, además de 4850 mil millones pies cúbicos de gas natural por año, en 2010

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Secretaria de Estado Condolezza Rice

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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No por casualidad,  la “Guerra al Terrorismo” a dado como resultado que los Estados Unidos a tomado el control del área, ejerciendo su influencia sobre  los tres pequeños países musulmanes cercanos a  las reservas: Turkmenistan, Uzbekistán y Kyrgystán. Los competidores potenciales, incluso Rusia y China, han sido dejados afuera en Afganistán  y Pakistán está subordinado a sus políticas.

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Putin y  el ex Premier alemán M. Schroeder

 

 

 

 

 

 

 

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Si se mira el mapa de las bases americanas más importantes  creadas durante la guerra de Afganistán, es impactante el hecho que están localizadas exactamente en la ruta del oleoducto  al Océano Indico. Política y petróleo como en las postrimerías del siglo 19 nuevamente se mostraron coincidentes.

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Dick Cheney, Vicepresidente de los Estados Unidos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Desde la óptica estadounidense, consideraron que apoyar a los grupos étnicos resultaría la mejor receta para romper la solidaridad nacional de las regiones en cuestión. Esta política dió excelentes resultados durante el proceso de desmembramiento del imperio soviético y la de los Balcanes que sigue dividiéndose en unidades cada vez más pequeñas, donde la separación de Kosovo de Serbia, no va a ser el último acto  del drama político que afecta la región.

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Presidente G.Bush, Vicepresidente D.Cheney y el ex- Secretario de Defensa D.Rumsfeld

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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El ejemplo de Bosnia Herzegovina, el futuro de Kosovo, la realidad de Iraq son todos esquemas donde las decisiones políticas finales están en organismos supranacionales.

 

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La energía se ha convertido en el principal eje de la política internacional. Se puede afirmar incluso que muchos movimientos estratégicos –que antes se hacían mediante el empleo del poderío militar- están enfocados a determinar visiones geoestratégicas, superadoras del concepto clásico de la geopolítica del siglo pasado.

Es interesante notar que son las redes de gas, los grandes oleoductos y las líneas de transmisión eléctricas el nuevo factor que enmarcan el accionar de los modernos “aliados”, para controlar y distribuir el poder global en el siglo que se inicia. La participación de poderosos grupos económicos, dotados de gran capacidad de influencia política, es clave para romper añejas alianzas internacionales, o para continuar con viejos antagonismos.

 Una nueva estrategia global se ha definido. Sus actores ya se movilizan activamente para rediseñar el mundo que conocemos, comenzando con Europa y proyectándose rápidamente en Asia.

Tal es el caso del proyecto de gasoducto North Europian Gas" (NEG) por el que Rusia y Alemania llegaron a un acuerdo, al que no tardaron en integrarse las empresas británicas BP y Shell. A través de este mega emprendimiento, el gas siberiano recorrerá una buena parte de Europa hasta llegar a Gran Bretaña después de 2007.           

En el marco de la cumbre energética, British Petroleum ratificó su acuerdo con la rusa TNK para crear un consorcio cuyo capital asciende a 6.750 millones de dólares que se convertirá en el tercer productor de crudo y gas de Rusia. También la anglo-holandesa Shell anunció una inversión de 10.000 millones de dólares en el sector energético ruso.

El ambicioso proyecto a lo largo de sus 1200 kilómetros de extensión tendrá una extensión total será 3.000 kilómetros y la capacidad de transporte crecerá 55.000 millones de metros cúbicos de gas anuales.

Según el plan, el gasoducto evitará deliberadamente pasar por Polonia, Bielorrusia y Ucrania donde la noticia fue muy mal recibida.

Para los estrategas rusos, el gasoducto subacuático, a pesar de su costo, tiene varias ventajas. La principal consiste en que no hace falta tramitar su tendido con media docena de países y pagarles peaje por el tránsito con suministros de gas. Es mucho más apto desde el punto de vista de la seguridad y además, la 'llave maestra' queda en manos de Moscú.

Se calcula que Rusia tiene el 30% de las reservas mundiales de gas en sus yacimientos árticos y siberianos y ocupa el octavo lugar en los de petróleo. Si se mantiene el actual ritmo de extracción de gas natural de Siberia y el Norte, sus reservas alcanzarán para 81 años. Las exportaciones en ampliación de agentes energéticos son la causa fundamental del impresionante crecimiento económico del país de los últimos años.

En el continente europeo hay dos grandes productores de gas: Rusia (que extrae cerca de 640 mil millones de metros cúbicos) y Noruega (unos 80 mil millones). Hay otros países que lo extraen, pero en cantidades relativamente insignificantes. A Moscú y Oslo les corresponden, respectivamente, el 25 % y el 15 % en el mercado europeo de gas.

Conviene recordar que Rusia en la actualidad ya exporta gas a 9 países de Europa (incluida Turquía). En 2004 se estableció un récord de ventas al exterior de gas natural: 198 mil millones de metros cúbicos. Según se pronostica, hacia 2007 dichas exportaciones pueden llegar a unos 243 - 252 mil millones de metros cúbicos.

La sociedad anónima Gazprom, controlada por el Estado ruso, el año pasado obtuvo 16,5 mil millones de dólares por las exportaciones, de los que la ganancia líquida excedió 7 mil millones, y este año sus ingresos rondarán 18 mil millones de dólares.

Gravitando hacia el “Este”        

Además, ha comenzado a corporizar la idea de construir un gasoducto, con participación de Rusia, entre Irán, Pakistán y la India. La instalación cubrirá un trayecto de 2.775 kilómetros y costará 7.000 millones de dólares. La terminación del proyecto está prevista para 2009. A partir de 2010, la India y Pakistán podrán recibir anualmente 35.000 millones de m³ de gas y 70.000 millones en 2015.       

El proyecto presenta grandes ventajas para la India, país al que permitirá recibir gas iraní barato ya que representará un ahorro anual de 300 millones de dólares. Pakistán también necesita ese gasoducto para recibir gas natural (el país se verá obligado a importar gas a partir de 2010), y el tránsito le reportará entre 500 y 600 millones de dólares.

Debido al crecimiento de la demanda energética de China está previsto prolongar después el gasoducto hasta la provincia china de Yunnan.

Las reservas iraníes probadas de gas natural alcanzan los 28.000 millones de metros cúbicos, convirtiendo a Irán en un probable competidor para Rusia. Desde esta óptica, la participación del gigante ruso Gazprom en el proyecto de gasoducto Irán-Pakistán-India puede ser considerada como una jugada magistral en la lucha por el control del mercado europeo.    
 
Según los observadores especializados, este entendimiento entre Rusia e Irán precede al surgimiento de una organización de países exportadores de gas similar al cártel petrolero. No hay que olvidar, los arreglos bilaterales que han tenido lugar con otros proveedores de gas actuales o potenciales como  Argelia y Libia.

La unificación de las redes de transporte de gas ruso e iraní permitirá la participación de Gazprom en el control de casi todo el sistema de gasoductos asiáticos, sobre todo teniendo en cuenta que Turkmenistán planea integrarse a ese sistema. Después vendrá Asia Central dando lugar a un mercado del gas que reunirá a Turkmenistán, Irán, Pakistán, la India y China en franca oposición a la estrategia norteamericana en el área que siempre ambicionó la región petrolera del Mar Caspio, que compite en la balanza con las riquezas de Arabia Saudita, y que desde comienzos de los años ochenta eran los recursos más codiciados por los conglomerados petroleros occidentales. Se espera que rinda 3.2 mil millones barriles de aceite crudo por día, además de 4850 mil millones pies cúbicos de gas natural por año, en 2010. No por casualidad,  la “Guerra al Terrorismo" tuvo como resultado que los Estados Unidos  tomara el control del área ejerciendo su influencia sobre  los tres pequeños países musulmanes cercanos a  las reservas: Turkmenistán, Uzbekistán y Kyrgystán.

La alianza ruso-iraní en ese sector podría entonces controlar el 43% (75 500 millardos de m³) de las reservas mundiales probadas y definir a largo plazo los principales parámetros de desarrollo del mercado asiático, y probablemente del mercado mundial.  
 
Los Conflictos 

Estos movimientos han provocado a su vez serios conflictos, tanto entre grupos económicos portadores y ejecutores de la nueva subdivisión del poder mundial, como también entre los Estados que al repartirse los recursos energéticos también se reparten la capacidad industrial, tecnológica y económica.

En el primer grupo se inscriben las agresivas fusiones y adquisiciones de corporaciones que juegan su existencia futura a su posible participación en el control de reservas, redes de transmisión y comercialización de energía.

Tal es el caso de varias Ofertas Públicas de Adquisición (más conocidas por su sigla: OPA) que han conmocionado la política europea cuyos gobiernos aparecen impotentes  para evitar que estos conglomerados alcancen la primacía continental.

Varios casos son emblemáticos. El intento de compra de la principal empresa energética española por parte de un conglomerado energético, cuya propiedad está fuertemente concentrada en manos del Tesoro alemán, secundado por accionistas de origen norteamericano.

También el anunció del posible lanzamiento de una OPA sobre la empresa francesa de agua y electricidad Suez, grupo francés que controla Electrabel, líder eléctrico belga. Se trata de naciones (Francia, España e Italia) que han quedado fuera de la nueva distribución del poder económico en Europa. También está la desazón de Ucrania, Bielorrusia y Polonia que ha sido cuidadosamente dejados de lado.

En Europa se debate activamente la pertenencia al bloque atlantista, cuyo adalid es Angela Merkel, o la posición “independiente” o europea cuyo campeón quiere ser Francia. A la Alemania de Schroeder que buscaba la alianza energética con Rusia, se le contraponen las ideas geopolíticas de la Canciller Merkel que cree en una Europa unida al bloque económico atlántico.

Antes de  la reunión del G8 en San Petersburgo en 2006, fue sintomático que Dick Cheney, vicepresidente de los Estados Unidos,  reunido en Vilnus con los países de la cuenca del Mar Negro y del Báltico,  acusara a Rusia de reincorporarse al camino del «Imperio del Mal». Declaró que «Los adversarios de la reforma tratan de echar atrás los logros de la última década. En numerosos sectores de la sociedad civil rusa – desde la religión y los medios de comunicación hasta las asociaciones y los partidos políticos el gobierno ha restringido injustamente los derechos de su pueblo. Otras acciones del gobierno ruso han sido contraproducentes y pudieran afectar sus relaciones con otros países. No hay causa legítima que pueda justificar la utilización del gas y el petróleo como instrumentos de manipulación y chantaje, ya sea por la manipulación del suministro o por intentos de monopolización del transporte. Nadie puede justificar las acciones que quebrantan la integridad territorial de un vecino o dificultan los movimientos democráticos. Rusia debe escoger.»

No hay duda que para el actual gobierno norteamericano, Putin no es Yelsin. El presidente Putin reaccionó rápidamente a esta frase denunciando el apetito del «camarada lobo» en busca de presas.
Esta retórica presenta la acción de Vladimir Putin como un intento de «resovietizar» un país que la política de Boris Yeltsin habría «democratizado»

Esta declaración del vicepresidente estadounidense no está aislada en el seno de la administración Bush. Donald Rumsfeld declaró así en una tribuna dedicada a las alianzas militares ampliamente difundida por el Council on Foreign Relations: «Hoy nuestra atención se centra en Irak y Afganistán, pero nuestras prioridades cambiarán en los próximos años, y lo que tengamos que hacer en el futuro estará quizás determinado por lo que hagan otras entidades. Tomemos el ejemplo de Rusia […]. Rusia es el interlocutor de Estados Unidos en materia de seguridad y nuestras relaciones, en su conjunto, son mucho mejores de lo que fueron durante décadas. Sin embargo, en algunos aspectos, Rusia se ha mostrado poco cooperativa y ha utilizado sus recursos energéticos como un arma política, por ejemplo, y se ha resistido a los cambios políticos positivos que se han producido en los países vecinos.».

Asia no ha quedado fuera. Durante los últimos meses China y Japón se han encerrado en una batalla diplomática por el acceso a los importantes campos de petróleo en Siberia.

Japón, que depende completamente del petróleo importado, está cabildeando desesperadamente para no quedar afuera de esta nueva subdivisión internacional. Para Japón aparece como un objetivo estratégico conseguir que se realice el oleoducto de unas 2.300 millas de longitud que vincule Siberia con las costas de Japón. Pero China, en rápido crecimiento, y  ahora el segundo más grande consumidor de petróleo del mundo luego de los Estados Unidos, ve al suministro de petróleo ruso como vital para su propia “seguridad energética” y está empujando para lograr su propio oleoducto  de 1.400 millas hacia el sur, a  Daquing.  

La rivalidad es tan intensa entre ambos países, que Japón ha ofrecido financiar los cinco mil millones de dólares que tiene de costo el oleoducto, invertir  siete mil millones de dólares adicionales en el desarrollo de los campos petrolíferos siberianos  y además tirar un plus de 2 mil millones para los “proyectos sociales” rusos; y, todo esto con la certeza  de que si Japón gana  en la batalla por el petróleo de Rusia,  deberá afrontar como consecuencia que las relaciones entre Tokio y Beijing se hundan a su nivel más bajo, y potencialmente más peligroso desde la Segunda Guerra Mundial. 

Los juegos de guerra y los escenarios globales.

Si observamos el mapa mundial y marcamos los escenarios de guerra  en las  últimas dos décadas llama la atención la ubicación de los países en cuestión:  Afganistán, Chechenia, Irak y  los Balcanes, forman parte del hinterland geopolítico ruso, la caída del muro de Berlín, tiene como consecuencia casi inmediata la independencia de Ucrania, Bielorusia y los estados bálticos que se  incorporan a la Nato, así como la de otros estados del este europeo otrora considerados aliados naturales del gigante ruso, todos ellos conforman una barrera política a la influencia del Kremlin y cuentan con bases o grandes despliegues de tropas atlantistas según el grado de conflicto dentro de sus territorios.

Para la opinión publica mundial, el motor de todos estos conflictos ha sido el fanatismo religioso, que condujo en forma directa al terrorismo internacional y en estos escenarios de conflicto, largas guerras civiles con horrorosas consecuencias para la población civil y sus sociedades políticas. La falta de libertades democráticas y la violación de los derechos humanos por parte de estados autoritarios o minorías religiosas nacionalistas, así como la potencial amenaza al orden internacional, legitimaron la invasión de tropas extranjeras para evitar males mayores y ordenar esas sociedades hacia la democracia.  

El incipiente conflicto con Irán se inscribe en esta línea de acción, sin embargo, cabe preguntarse si un conflicto que arrasara la región, quebraría la posibilidad de un futuro acuerdo de productores de gas y cambiaría los protagonistas del juego de intereses energéticos globales en esa zona?

 El viejo método de la presión política y militar parece imponerse, pero tarde o temprano hará exponer a las naciones que lo utilicen a una “incomprensible” pérdida de posiciones .Es obvio que a pesar que pareciera que esta política ha resultado triunfante, la situación parece descontrolarse en las “zonas calientes” todavía aún más. La pregunta que cabe hacerse es si esto es un fenómeno natural propio de la relación ejercito ocupante- población civil resistente o si la permanente inestabilidad y conflictos raciales/religiosos/políticos permitirá el sostenimiento de una situación que permita a estos intereses mantener el control de los territorios en cuestión. Los Estados Unidos han estado mirando a través de la óptica israelí e inglesa en el Medio Oriente, todavía desde los setenta, por lo tanto consideraron que apoyar a los grupos étnicos resultaría la mejor receta para romper la solidaridad nacional y la solidaridad pan-árabe. La receta les dio maravillosos resultados en Rusia durante el desmembramiento del imperio soviético  posterior a la era Gorbachov y en los Balcanes que sigue dividiéndose en unidades cada vez más pequeñas, donde el desmembramiento de Kosovo de Serbia, no va a ser el último acto del drama.

Quizás sus analistas debieran preguntarse si es realmente fue Toqueville quién tuvo razón cuando planteó que la competencia del futuro debía dirimirse entre Rusia y los Estados Unidos, una vez más en el siglo XXI como se creyó durante el siglo XX, o si por el contrario,  Napoleón, estuvo en lo cierto cuando vaticinó en pleno siglo XIX, que seria China, el gigante dormido, el que dominaría la escena mundial, cuando despertara de su sueño de siglos.

Sea cual fueren los protagonistas, es una competencia de gigantes